Cerámica funcional

Bajo la denominación de cerámicas funcionales se incluye una gran variedad de materiales, entre los cuales se incluyen las cerámicas dieléctricas, las cerámicas semiconductoras y las cerámicas piezoeléctricas.

Las cerámicas dieléctricas tienen la propiedad de polarizarse ante la acción de un campo eléctrico. Encuentran aplicación en la fabricación de condensadores cerámicos, encapsulados para circuitos integrados, tanto monocapa como multicapa, encapsulados para transistores, diodos y potenciómetros, sustratos para circuitos híbridos y redes resistivas y para productos metalizados.

Las cerámicas semiconductoras están formadas por un componente fundamental de tipo óxido y determinados aditivos que las hacen semiconductoras a la corriente eléctrica. Los materiales más frecuentemente empleados en su fabricación son el óxido de cinc y el titaniato de bario. Se emplean para la fabricación de varistores, termistores y sensores de gases.

Las cerámicas piezoeléctricas se caracterizan por su capacidad de hacer aparecer cargas eléctricas en su superficie al ser sometidas a un esfuerzo, e inversamente, a deformarse al ser sometidas a una diferencia de potencial. Existen materiales piezoeléctricos naturales, como el cuarzo, la turmalina y la sal de Rochelle, y materiales piezoeléctricos sintéticos, como el titaniato de bario y algunos compuestos formados por tierras raras. Sus aplicaciones incluyen la fabricación de filtros para equipos electrónicos, resonadores, transductores e ignitores para hornos, sistemas de ignición de cohetes y encendido de motores de aviación.

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