Radiodifusión

Servicio regular de emisiones radioeléctricas destinado a ser recibido de manera directa por el público al que va dirigido y que se compone de información sonora, música y demás tipos de comunicaciones radiofónicas, programas de televisión, etc.

Historia

Los inicios de la radiodifusión se remontan al año 1920, en que se llevaron a cabo las primeras transmisiones desde Chelmsford (Gran Bretaña), Detroit (EEUU) y Pittsburgh (EEUU), ciudad desde donde se difundió la noticia de la elección de Harding para la presidencia del país.

La consolidación definitiva de las empresas dedicadas a esta tarea se fue produciendo a lo largo de la década de los años 20, tanto en Europa (Bélgica, 1923; Italia, 1924; España, fundación de Radio Barcelona en noviembre de 1924; Alemania, 1926, etc.) como en América.

En un primer momento, las potencias de emisión eran reducidas y éstas se captaban con la ayuda de las primitivas radios de galena. Hacia 1925, la situación cambió radicalmente con la aparición de las primeras radios de válvulas (triodos), y en 1930 los receptores ganaron facilidad de uso al poder conectarse directamente a la red de distribución de energía eléctrica. En 1955, la electrónica irrumpió en el mundo de la radiofonía (transistores y semiconductores).

La intervención directa de los poderes públicos en dichas actividades se inició en 1927 y, una vez establecido el marco legal, se procedió al reparto del número limitado de frecuencias disponibles. Posteriormente se distribuyeron los canales para Europa, África del Norte y Oriente Próximo. En el ámbito de la radiodifusión a escala nacional, los problema de interferencias planteados por el gran número de emisoras existente, con potencias que van desde fracciones de vatio hasta 2.000 kW, han sido solucionados mediante convenios internacionales que asignan bandas de frecuencias dentro de unos límites.

Desde principios de la década de los 60, la miniaturización de los equipos ha permitido la individualización de la escucha, como también la posibilidad de dirigir las emisiones radiofónicas a sectores de público muy específicos (radios locales, radios libres, etc.). La difusión directa vía satélite permite en la actualidad cubrir la totalidad del globo terráqueo, a excepción de las regiones polares más allá de los 80 grados de latitud. El alto coste de las instalaciones receptoras de estas emisiones ha generalizado el empleo de estaciones de recepción centralizadas, que posteriormente distribuyen la señal por medios convencionales (reemisores clásicos) o por redes de cables metálicos o de fibra óptica.

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